25 abril, 2014

Voromv Moto. CON EL "A DE PLATA" EN EL BOLSILLO. 43- “Mis” dos Harley-Davidson. 2ª: “El gimnasio de Joselu”

Miré un día la fecha del carnet de conducir, y me di cuenta que hace más de veinticinco años que aprobé el permiso importante, "el de moto", el A (en aquella época, A2). Así que me he propuesto daros un poco la brasa y contaros manías y anécdotas que me han ocurrido durante este tiempo. ¿Hasta cuando?... no lo sé, según me vaya acordando (algo difícil con este cerebro cada día más reblandecido que tengo)... o cuando digáis basta.

43“Mis” dos Harley-Davidson. 2ª: “El gimnasio de Joselu”
Como os conté en el envío anterior, en 1992 probé mi primera Harley-Davidson. Mi siguiente H-D fue veinte años largos después, en 2012. No me prodigo mucho con el mundo Custom, no :-D Era también verano (pantalones cortos con bolsillos, camiseta de cuello, zapatos ligeros y gafas de sol) pero esta vez en mi pueblo. Fui a tomarme unas cervezas con mi amiguete Luisito (andando, me pilla cerca) cuando al llegar, en la terraza veo una espectacular y muy preparada Harley-Davidson. No os la voy a describir porque de esta sí tengo fotos. La moto era de un conocido suyo, Joselu. Hablamos un poco de todo y sorprendió a los presentes al ofrecerme dar una vuelta con ella… y yo jamás le pongo un no a una oportunidad así.  Pensad en cómo iba vestido y luego imaginad que el único casco disponible era el de Joselu… que por suerte para él no luce la talla de “almendra” que sí uso yo. Era un casco abierto y pude “incrustármelo”, eso sí, sin posibilidad de atarlo… ay, ay, ay… Por lo menos sí me entraron las gafas de sol :-S


Asiento "ahí abajo", motor poderoso, neumático
trasero ultra-ancho y escapes bien abiertos...
Bien, en esta 
el tiempo sí había pasado y ya teníamos suspensión, frenos de disco y, creo, inyección. Pero también le había llegado la moda del ultra-mega-grande neumático trasero de 320mm de ancho, una auténtica burrada. Así que volvemos a tener un motor –mucho más- poderoso de unos 1700cc y bastante abierto de escape y admisión; montado en otro bastidor de suspensión prácticamente mínima atrás, con unas geometrías de locura con una laaaarga horquilla delantera y un reparto de pesos que no parecía que le diera mucho apoyo a esa rueda. Además la posición de conducción con el culo bajo, los brazos altos y los pies adelantados no presagiaba una gran ayuda para mover sus muchos kg. y larga distancia entre ejes.

Arranco el V-2 con un bramido poderoso apenas callado por dos simples tubos sin retención, que menos mal que apuntaban al suelo. Apenas unas sacudidas en ralentí y todo perfecto cuando subía de vueltas. Cambio bien y embrague nada duro… bienvenidos al Siglo XXI.
Pero tal como imaginaba, me tocaba veinte años después volver a pelearme con un chasis que geométricamente incumple toda lógica. Mi idea era acudir a una corta autovía –unos seis kms- que queda cerca, pero antes tenía que callejear y recorrer una pequeña carretera de enlace con dos rotondas… y ahí es donde iba a estar el problema: ya saliendo de la calle para hacer un ángulo de 90º casi pensé que debería hacer maniobra… laaaarga laaaarga. Las rotondas fueron una pelea: le “enviabas el mensaje” a la rueda delantera, le llegaba, giraba, llegaba el giro al manillar, de ahí al chasis y de ahí… la extra-ancha rueda trasera se negaba a obedecer. Enderezarla en las curvas era relativamente fácil, o freno o toque de gas, pero meterla era un suplicio… multiplicado por dos cuando entrabas-salías en una rotonda.

Una vez en autovía, pensaba que todo iba a mejorar peeeero… Sí, totalmente estable, pero esa posición de “Don Tancredo” te hacía que no te dejaras absolutamente nada de aire contra el que no chocar. Es más, la posición de las perneras del pantalón corto y las mangas de la camiseta, apuntando directamente al frente, hacía que mi ropa se hinchara como un paracaídas, y el casco daba claros signos de no aguantar mucho sin saltar como un tapón de corcho. El motorazo se zampó sin problemas los pocos kms. de doble carril con una insinuación decidida del gas, pero me corté con una curva que mi Xsara Picasso hace a 110-120 sin problemas. De ahí una gran rotonda (más gimnasia… que tortura el simplemente querer hacer un cambio de sentido) y vuelta a la autovía. 


Joselu con la bella H-D... y ese casco que
a mí, claro, no me cabía ni-de-coña...
Esta vez decidí que era el momento de dejarme de “probarla a lo moto” y pasar a “probarla a lo Custom”: punta de gas, relajar los brazos, levantar la barbilla con mirada al frente “como si sólo existiera yo en el mundo”, y dejé que el inmenso twin pistoneara en sexta casi a régimen de ralentí, con cortos pero contundentes golpes de sonido saliendo de sus escapes. A esa velocidad mínima por un segundo entendí lo que se sentía siendo un “biker”… hasta que me acordé de la pinta que llevaba.


Después de “la prueba” nos refrescamos con unas buenas y muy frías cervezas… y un poco de charla de motos, claro. Hablamos de Customs, de deportivas, y yo un poco de Trail. Y tanto hablamos que al final Joselu se planteó el cambiar su inmensa y cantarina H-D por algo distinto. Y cuando un día vino la Guardia Civil a su casa a comentarle que su moto había aparecido en el listado de unos ladrones que habían detenido como futuro objetivo de robo –con dirección, fotos y nombres de “posibles compradores”-, se decidió del todo. La vendió y saltó “al lado oscuro” comprando una Ducati 749 Nera… que curiosamente se le atragantó con la pegada que tenía al soltarle embrague. Así que la cambió por una Yamaha R-6… y si te suena de algo es porque de esas dos motos ya hablé, en el envío “Una semana-moto intensa (que realmente fueron diez días)" cuando salimos con las RR a enseñarle el placer del equilibrio dinámico. Por cierto, una salida que debemos repetir ¿verdad Joselu?




"A de plata" sigue aquí:



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